Overlord – Volumen 6: Capítulo 6 (Parte 3)

Serie: Overlord.
Volumen 6: Los Hombres en el Reino (Parte 2).
Capítulo 6: Introducción a los disturbios en la capital real (Parte 3).
Autor: Kugane Maruyama (丸山くがね).
Ilustrador: So-bin.
Traducción al español: Erb.


Capítulo 6: Introducción a los disturbios en la capital real

Parte 3

Mes de Fuego Bajo (Mes 9), Día 4, 15:15

“Hmm hmmm hmmm~”

Tarareando placenteramente, Albedo colocó el hilo en la aguja. Empujó la aguja haciéndola pasar, y la sacó. Luego de repetir esto un ciento de veces, había cocido una tela negra sobre una figura blanca. Luego, rellenó la figura blanca y ésta asumió una forma algo más esférica. Mirando el muñeco casi completo, Albedo sonrió suavemente. Era la sonrisa gentil de una diosa llena de misericordia y amor.

“¡Muy bien! ¡La cabeza de Ainz-sama está completa!”

Apretó su puño con satisfacción y acarició la cabeza de su muñeco hecho a mano. Tenía la apariencia de un cráneo y pequeñas piezas de tela habían sido cocidas a ella para convertirse en sus ojos y boca, dándole una apariencia linda en general. Si Ainz lo viera, definitivamente se sentiría avergonzado.

“Entonces, lo siguiente es el cuerpo…”

Con gentileza, colocó el cráneo de peluche en una esquina de su escritorio y se puso de pie para tomar otro carrete de hilo blanco.

Ésta era la habitación de Albedo. Originalmente, su habitación era el Salón del Trono, así que no tenía nada parecido a unos aposentos privados. Sin embargo, Ainz le asignó una habitación de huéspedes de los 41 Seres Supremos para que su trabajo como Supervisora de los Guardianes no se viera afectado.

Justo como el cuarto de Ainz, el cuarto de Albedo era grande. Albedo no tenía muchas pertenencias con ella, así que originalmente la habitación se veía más bien desolada y vacía. Sin embargo luego pasar dos meses en ella, otra era la historia.

Una de las razones para esto era el vestidor que Albedo estaba por abrir.

Era una habitación llena de Ainses. Ella los había hecho todos por sí misma. Los muñecos tenían la forma de Ainz y tenían diferentes poses. Algunos eran almohadas de cuerpo entero y algunos eran peluches en miniatura.

Éste era el espacio secreto de Albedo, y ni siquiera las sirvientas que venían a hacer la limpieza tenían permitido echar un vistazo dentro. La habitación había recibido el nombre de, La Habitación Harem.

“Ku-ju-ju-ju…”

Albedo saltó alrededor haciendo ruidos extraños. Luego agitó las alas de su cintura y voló a una increíble velocidad de frente hacia una almohada de Ainz. Fue similar a una tacleada de rugbi.

Todavía abrazando la almohada, Albedo rodó por el suelo. No le dolió ya que había otros Ainses debajo. Sosteniéndose a sí misma en medio de tres almohadas de Ainz, rió de manera extraña.

“Ku-ju-ju-ju-ju, la nueva almohada la hice a partir de las sábanas de Ainz-sama… En otras palabras, estoy durmiendo directamente con él. Ku-ju-ju-ju…”

Albedo enterró el rostro en la almohada y aspiró furiosamente.

“No hay… olor.”

Era una voz muy triste. Si alguien la oyera, probablemente se sentiría muy mal por ella. Ya que Ainz era un no-muerto, no necesitaba dormir y sus huesos no tenían un olor particular. Se lavaba el cuerpo para remover el polvo o la sangre, pero su cuerpo no excretaba nada que pudiera constituir un olor.

“¿Hm, hmm? Esto… tal vez es… ¡Ainz-sama!”

Sin embargo, para una doncella enamorada como Albedo, le era posible oler incluso el más ligero aroma de Ainz. Aunque era debatible si era o no su propia imaginación.

*Resoplido* * Resoplido * *Olfateo* * Olfateo *

Por la forma en que enterraba su cara en la almohada y la olía repetidamente, daba más la impresión de ser una pervertida y no la Supervisora de los Guardianes.

“Ahh~ Soy tan feliz.”

Como la Supervisora de los Guardianes, Albedo tenía muchas tareas de las que encargarse. Éstas incluían la colocación de los soldados, la construcción de una red de defensa, la revisión del mantenimiento dentro de Nazarick, y todo lo que concerniese al Salón del Trono. Había tanto trabajo como para quebrarle el lomo a un camello.

Así que era especialmente importante que ella venga aquí a recargarse y a sentirse feliz nuevamente.

“¡Oh, quiero ver nuevamente a Ainz-sama! ¡Quiero ver de nuevo a Ainz-sama! ¡Oh, verlo de nuevo~!”

Albedo descargó sus celos de Narberal, que había ido de viaje con Ainz, mientras sostenía fuertemente la almohada. En ese momento—

「Albedo.」

Se puso de pie rígidamente. Revisó los alrededores mientras sudaba frío antes de darse cuenta que era una voz enviada con magia.

“¡A- Ainz-sama! ¿A qué debo el placer?”

「Acabo de oír esto de Sebas, no, de un 「Mensaje」 de Solution. La chica que Sebas recogió, Tsuare, ha sido secuestrada. Forma un equipo apropiado para prestarle apoyo a Sebas.」

Albedo recordó a Tsuare cuando Ainz la mencionó. Él había asumido la identidad de Momon y había partido hacia E-Rantel inmediatamente, pero Demiurge, que se había quedado, le había contado vagamente los detalles sobre ella.

“Por favor perdone mi rudeza por cuestionar su gran orden, pero ¿vale la pena formar un equipo sólo para salvar a un ser insignificante como un humano? Lo entendería si tuviera que ver con aquellos que interfirieron con Shalltear, pero…”

「No, ellos probablemente no están relacionados con Shalltear. Esta vez parece ser una organización criminal acechando en el Reino.」

“Entonces con más razón…”

「Albedo. Juré proteger a Tsuare bajo el nombre de Ainz Ooal Gown. ¿Entiendes lo que eso significa?」

La atmósfera cambió completamente.

Una sensación de rabia ardiente pudo sentirse en todo el cuarto y Albedo sólo pudo emitir un sonido ahogado.

「¡¿Lo entiendes?! ¡¿Cierto?! ¡Juré protegerla con mi propio nombre! ¡Y la secuestraron a pesar de eso! ¡Éste es un insulto a mi nombre y a todos los demás en el gremio! No hay excusa, incluso si no lo sabían.」

De pronto la rabia disminuyó al final de la oración. Probablemente sus emociones habían sido suprimidas ya que habían excedido cierto límite.

「…Lo siento. Parece que me molesté demasiado con esa escoria. Perdóname, Albedo…」

Debido al tono de arrepentimiento de su amo, ella pudo finalmente calmarse lo suficiente como para hablar. La ira del Ser Supremo la había afectado incluso si no estaba dirigida directamente hacia ella.

“N-no hay nada por lo que Ainz-sama tenga que disculparse.”

Albedo hizo una profunda reverencia aun cuando no había nadie de pie frente a ella.

「…Entonces te encargo esto, Albedo. Rescata a Tsuare ilesa.」

“¡Haré lo que ordena! Mientras lo hago, ¡me aseguraré de exterminar a las sabandijas que lo molestaron!”

「Entonces, lo dejo en tus manos. Por cierto, Demiurge debería seguir en Nazarick para recibir el envío de trigo. Él estará a cargo…」

“Iré yo mis—”

「No, Albedo. Tú debes proteger Nazarick. Envía a Demiurge. Asegúrate también de que no se revele su identidad. Les dejaré este asunto del Reino a ti y a Demiurge. Sean cautelosos.」

“¡Entendido!”

El ‘Mensaje’ terminó y regresó el silencio. Albedo se puso de pie lentamente y procedió a apartar las almohadas.

“…Pero realmente no lo entiendo.”

Los ojos de Albedo, se veían anormalmente rígidos. Miraba hacia una esquina de la habitación.

La razón por la que no dejaba que ninguna sirvienta ingresara al cuarto, era para poder monopolizar los muñecos de Ainz y para que nadie pudiera tocarlos. Pero también había otro motivo.

Se debía a la bandera bordada con el emblema de Ainz Ooal Gown. La bandera, que debería ser visible tan pronto como alguien entrase al cuarto, descansaba arrugada en una esquina de la habitación. No había señales de admiración o respeto hacia ella, sólo odio y hostilidad.

“Ainz Ooal Gown… Qué aburrido.”

En lugar de la bandera de Ainz Ooal Gown, Albedo había levantado una bandera gigantesca diferente. Una bandera tan grande, que daba la impresión de ser una cortina de ópera.

“La Gran Tumba de Nazarick es sólo suya. Yo, Albedo, únicamente deseo servirle. Ahh… algún día, quisiera oír su gran nombre una vez más…”

AnteriorÍndiceSiguiente

Publicado por

AKNovelas

Las novelas publicadas por este usuario son meras recopilaciones. Todos los agradecimientos a sus respectivos traductores. Gracias.

Deja un comentario